miércoles, 10 de junio de 2009

Noche de brujas


Soy una buena y obediente ama de casa, mi vida transcurre a diario de una forma monótona y se puede decir que casi aburrida, salgo de compras, me reúno con los amigos, tomo copas y con mi pareja soy atenta y muy amorosa, pero una o dos veces al mes necesito, por una noche, explotar la hembra que llevo dentro, por eso, como en un sueño, visito los clubs liberales y entonces me transformo y doy rienda suelta a la fiera que llevo dentro.
La última vez, el fin de semana pasado, volvimos a ir y la verdad que estaba aquello de los mejores días, había muchas parejas y muchos hombres-lobos sueltos, algo que me encanta.
Nada más llegar percibí esas miradas que te dicen todo y donde se sabe a lo que se va, sin hipocresías. Tomamos una copa en la barra donde se ponen todos, no en la de las parejas, y miré discretamente a los hombres que había en la barra, la verdad es que esa noche el ‘ganado’ estaba, de madia, más que bien.
Me gusta, cuando llego, tomar mi primera copa tranquila, sin prisas y adaptándome al ambiente, recreándome con las miradas porque eso me va excitando. Al rato de estar allí nos vamos a dar un paseo por los pasillos del club, siempre hay quien nos sigue a una distancia discreta, otros los encuentro en el camino, siento como, al cruzarnos, sus manos rozan mis piernas y como algunos, los más osados, me tocan el culo al pasar, yo sigo mi camino como si no me diera cuenta porque en el fondo lo que me excita es sentir que van a por mi, no me gusta ir al encuentro de nadie, el que quiera disfrutar conmigo debe de ganárselo, aunque suelo dar muchas facilidades.
Esa noche estaba dispuesta a pasarlo bomba, así que no puse el listón demasiado alto y volvimos a la barra.
Había un ‘chulito’ de esos de gimnasio que no paraba de mirarme, le sonreí y comenzamos un juego de miradas furtivas, me ponía caliente pensar que acabaría en la cama con el, mientras, casi como un pavo real, el muchacho se exhibía ante mi con sus músculos.
Al rato de estar le dije a mi pareja que ese me interesaba, volvimos a los pasillos y al pasar por su lado le volví a sonreír, era la señal de que desde ese momento estaba la veda abierta. Nos siguió y cuando llevábamos un rato paseando me dijo: ‘Oye, buscáis un chico’. La verdad que fue bastante burdo, no hacía falta preguntarlo, se me notaba bastante. Miré a mi pareja como preguntando, me siento tan segura a su lado que el juego que tenemos me lo hace todo más fácil. Mi pareja contestó que eso era algo que tenía que decidir yo, que era la que mandaba. Nos quedamos en silencio, una situación embarazosa la de esos momentos, al instante, casi, le pregunté como se llamaba y a modo de saludo en las presentaciones nos dimos un beso suave en los labios y ahí se rompió el hielo existente, porque de un roce en los labios pasamos a otro apasionado y de ahí a recorrer las formas del cuerpo del otro.
Entramos en una de las habitaciones, cerramos la puerta y de pie comenzamos a abrazarnos y desnudarnos muy lentamente, se notaba que tenía bastante experiencia con las mujeres, me apretaba, me acariciaba y me hacía sentir su verga durísima en la barriga.
Mi pareja se había tendido en la cama vestido y miraba el espectáculo.
Esas habitaciones suelen tener ventanitas con un cristal y cortinillas por los dos lados, la descorrí porque me excita muchísimo saber que me está mirando, como así era, había al otro lado un tío mirando, seguramente masturbándose a mi costa.
Ya desnudos y hartos de refregar nuestros cuerpos nos tendimos en la cama, la tenía tan rica que no pude resistir el deseo de bajar para besarla, sentía como se estremecía cuando se la chupaba y le daba lametones, algo que hacía que mi sexo hiciera movimientos como dando bocados, se abría y cerraba solo de placer.
Se levantó un momento y del pantalón sacó un preservativo y un bote, de allí se echó en la mano un líquido y me lo pasó por el clítoris y el agujerito, al rato aquello quemaba y daba frío a la vez, me abrí de piernas y dejé que la introdujera totalmente, grité de placer más de la cuenta, sobre todo porque se debió oír en gran parte del local.
Me volví de espaldas y, mientras besaba a mi pareja en la boca, fui sintiendo como me llegaba un placer de esos que se ven venir de lejos y terminé explotando como una perra.
El seguía muy despacio con su labor, moviéndola sabiamente. Me sentía tan bien que le dije que si se iba a correr, me contestó que en el momento que yo quisiera, que el estaba a punto, le di ‘mi permiso’ y disfruté como una loca sintiendo como descargaba todo su semen.
Terminé la faena con mi pareja, salimos y nos despedimos en la misma puerta de la habitación, es lo bueno que tienen estos sitios, no hay que aguantar a las personas más de lo preciso.De repente me he dado cuenta que he escrito más de lo deseado, así que dejo para otro momento el segundo asalto por parte de un tío que me gustó más que mucho y que a la media hora lo tenía encima mía.

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